Las tres preguntas clave que deberías hacerte antes de invertir son:
- ¿Qué objetivo quieres alcanzar con cada inversión?
- ¿Cuánto dinero puedes invertir de forma segura?
- ¿Qué nivel de riesgo estás dispuesto a asumir?
Definir estas respuestas desde el principio te ayudará a determinar qué tipos de inversión se ajustan mejor a tus necesidades. Por ejemplo, invertir pensando en la jubilación suele requerir un enfoque más estable y de menor riesgo, mientras que buscar altas rentabilidades normalmente implica asumir un riesgo mayor.
A continuación, otros factores importantes a tener en cuenta:
Inflación
La inflación es la tasa a la que disminuye el valor del dinero con el tiempo. Es fundamental que la rentabilidad de tu inversión supere la inflación; de lo contrario, aunque ganes nominalmente, tu poder adquisitivo se reducirá.
Riesgo
La gestión del riesgo es una parte esencial de la inversión. Por lo general, mayores rendimientos potenciales conllevan mayores riesgos. Asegúrate de que tu estrategia se ajusta a lo que realmente estás dispuesto a asumir, tanto financiera como emocionalmente.
Liquidez
La liquidez indica la facilidad y rapidez con la que un activo puede convertirse en efectivo. Si necesitas disponer del dinero a corto plazo, conviene invertir en mercados con alta liquidez. Por ejemplo, Bitcoin suele ser más líquido que muchas altcoins de menor capitalización.
Diversificación
Diversificar ayuda a gestionar el riesgo y a repartir las posibles recompensas. Siguiendo la idea de “no poner todos los huevos en la misma cesta”, una cartera diversificada reduce el impacto negativo si uno de los activos tiene un mal rendimiento. Intenta incluir distintos tipos de inversiones en tu cartera.
Impuestos
Por último, es imprescindible conocer las implicaciones fiscales de tus inversiones. Las leyes fiscales varían según el país y la responsabilidad de cumplirlas recae en cada inversor. Infórmate bien y asegúrate de cumplir con la normativa vigente en tu lugar de residencia.
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