De oro cómico a pueblo fantasma digital
Las memecoins fueron durante un tiempo el corazón palpitante de la especulación minorista en los mercados de criptomonedas. Desde los rallies de Dogecoin impulsados por Elon Musk hasta el ascenso meteórico de tokens como Shiba Inu o Pepe, estos activos digitales nacidos de internet convirtieron bromas online en capitalizaciones de mercado considerables… al menos para quienes supieron entrar y salir en el momento justo.
Pero al llegar a finales de 2025, el panorama ha cambiado de forma drástica. Los precios han sufrido caídas significativas, la liquidez se ha reducido de manera notable y la euforia que definía ciclos anteriores parece ahora un recuerdo lejano.
La gran pregunta para la comunidad cripto es si las memecoins son simplemente una moda del último mercado alcista o si todavía guardan potencial para un regreso inesperado, como tantas tendencias virales antes que ellas.
Cuando el caos se convirtió en moneda: el origen de las memecoins
El nacimiento de las memecoins está íntimamente ligado a la cultura de internet y a las dinámicas de las redes sociales. A diferencia de Bitcoin o Ethereum, que surgieron a partir de documentos técnicos y visiones claras sobre sistemas financieros descentralizados, las memecoins comenzaron como humor digital, sostenido por comunidades activas, contenido viral y entusiasmo colectivo.
Dogecoin, considerada la memecoin original, se lanzó en 2013 como una parodia explícita de la especulación en criptomonedas. A pesar de su origen irónico, llegó a alcanzar una capitalización de mercado de varios miles de millones de dólares gracias al apoyo de su comunidad y a menciones de alto perfil, como las de Elon Musk. Ese éxito creó un modelo que muchos otros proyectos intentaron imitar, a menudo prometiendo beneficios rápidos sin una base sólida detrás.
Durante los ciclos de mercado de 2021 y 2024, las memecoins dejaron de ser simples activos digitales para convertirse en fenómenos culturales. Las redes sociales amplificaron el hype de forma exponencial y la participación minorista fue masiva. Sin embargo, como ocurre con la mayoría de movimientos puramente especulativos, tras la euforia llegó la corrección.
La gran corrección de las memecoins en 2025
Desde los máximos especulativos de finales de 2024, el sector de las memecoins ha estado sometido a una presión bajista constante. Capitalizaciones que antes alcanzaban decenas de miles de millones de dólares se han reducido entre un 60% y un 90% en conjunto. Según datos de CoinMarketCap, la capitalización total del mercado de memecoins cayó de más de 120.000 millones de dólares en diciembre de 2024 a menos de 70.000 millones en el momento de redactar este artículo, con muchos tokens enfrentándose además a problemas de liquidez.

Esta corrección ha puesto de manifiesto el principal reto del sector: sin una base tecnológica fuerte ni casos de uso claros, las memecoins dependen casi por completo de la atención viral y de flujos constantes de liquidez. Cuando estos factores desaparecen, el precio suele seguir el mismo camino.
Muchos participantes minoristas que entraron cerca de los máximos ahora mantienen activos que quizá no recuperen sus valoraciones anteriores, mientras que el entusiasmo colectivo que impulsaba subidas exponenciales se ha diluido en gran medida.
Ya no hacía tanta gracia: por qué la mayoría de los memes no sobreviven
Uno de los factores clave de la inestabilidad de las memecoins es lo que algunos analistas describen como el fenómeno de la “avenida flash”. El hype en cripto rara vez se desarrolla de forma gradual: suele explotar con rapidez e intensidad, desbordando la dinámica normal del mercado. Pero esa atención también se desvanece con la misma velocidad.
Este comportamiento genera un patrón bastante repetido:
- Lanzamiento viral con subidas impulsadas por la comunidad
- Movimiento explosivo del precio que atrae nuevos compradores
- Fatiga de atención cuando el foco se desplaza a otro proyecto
- Colapso del mercado en semanas o meses
Algunos memes nunca pasan de moda: qué separa a los ganadores de los perdedores
¿Qué diferencia a supervivientes como Dogecoin o Shiba Inu —que siguen siendo reconocidos— de los miles de tokens olvidados? Los analistas hablan de una “brecha de autoridad”: la distancia entre la atención viral momentánea y la credibilidad sostenida en el mercado.
Las memecoins que perduran suelen lograr relevancia cultural o algún tipo de utilidad que va más allá del hype inicial. Dogecoin se ha mantenido como un icono de la cultura de internet, con una comunidad fiel y presencia constante en el imaginario popular. Shiba Inu, por su parte, amplió su ecosistema con staking y aplicaciones descentralizadas, acercándose más a un proyecto cripto con funcionalidades definidas.
Sin estos elementos, incluso los lanzamientos más virales tienden a caer en el olvido. El meme por sí solo ya no parece suficiente para sostener un proyecto a largo plazo; es necesario construir narrativas que sigan teniendo sentido cuando se apaga la especulación.
¿Puede caer un rayo dos veces?
A pesar del pesimismo actual, no todo el mundo cree que las memecoins hayan llegado a su final definitivo. Algunos observadores del mercado, como Darkfost, señalan que la dominancia de las memecoins dentro del mercado de altcoins se acerca a niveles que históricamente han precedido a giros de tendencia.
El ratio de dominancia de memecoins —que compara su capitalización con la del resto de criptomonedas alternativas— se mueve cerca de zonas técnicas que en el pasado marcaron puntos de inflexión. Si el capital especulativo vuelve a buscar activos de alto riesgo, algo habitual en mercados alcistas impulsados por liquidez, las memecoins podrían vivir otro episodio de crecimiento explosivo.
La lógica es sencilla: el capital especulativo suele buscar volatilidad, y pocos segmentos ofrecen tanta como las memecoins.
Los riesgos de Memeland: nada ha cambiado
Incluso contemplando un posible rebote, las memecoins siguen siendo uno de los activos con mayor riesgo dentro del ecosistema cripto. A diferencia de Bitcoin, con su narrativa de escasez, o Ethereum, que sustenta un amplio ecosistema de aplicaciones descentralizadas, la mayoría de las memecoins carecen de una propuesta de valor intrínseca. Su precio depende casi exclusivamente del relato y del sentimiento del mercado.
Esto hace que el factor tiempo sea crítico. Los movimientos suelen ser rápidos y las subidas exponenciales pueden revertirse sin previo aviso. La falta de fundamentos sólidos implica que la volatilidad extrema forma parte de su naturaleza.
¿Telón final o solo un descanso?
¿Ha terminado realmente la era de las memecoins? La respuesta no es sencilla. Si se observan los miles de proyectos fallidos, el sector parece un auténtico cementerio digital. Muchos nunca se diseñaron para durar, y su desaparición es una consecuencia lógica del exceso especulativo.
Sin embargo, la historia sugiere prudencia antes de dar por muertas a las memecoins. Su carácter cíclico, impulsado por la cultura de internet y la dinámica especulativa, hace que puedan reaparecer cuando cambian las condiciones de liquidez y apetito por el riesgo. Ya sea a través de nuevos memes o de estrategias emergentes, futuros ciclos podrían traer sorpresas.
La conclusión es clara: las memecoins no son activos financieros tradicionales. Son instrumentos altamente especulativos, capaces de generar tanto subidas espectaculares como caídas abruptas. El chiste puede que no haya terminado… pero cualquiera que siga dentro debería estar preparado para el remate final.
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