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¿Puede el fintech ayudar a los no bancarizados?

Un vistazo al papel del fintech para empoderar a las comunidades no bancarizadas en todo el mundo, cuánto hemos avanzado y qué falta por venir.

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La revolución financiera no está ocurriendo en los edificios emblemáticos de Wall Street: está explotando en las pantallas de smartphones en aldeas rurales, pisos urbanos y comunidades migrantes en todo el mundo. Y mientras la banca tradicional sigue pidiendo tres documentos de identidad y un historial crediticio impecable, el fintech está reescribiendo las reglas de quién puede participar en la economía global.

La realidad es esta: 1.400 millones de adultos en el mundo siguen sin acceso a servicios bancarios, excluidos de herramientas financieras básicas que muchos damos por sentadas. En EE. UU., aproximadamente el 5,4% de los hogares (unos 5,6 millones de familias) no tiene relación con un banco o cooperativa de crédito. No son solo estadísticas: son personas pagando comisiones por cobrar cheques, cargando efectivo a todas partes y acumulando cero historial crediticio pese a trabajar en varios empleos.

Pero aquí viene lo interesante: el fintech no está poniendo “parches”. Está cambiando cómo funcionan los servicios financieros desde la raíz, creando caminos de participación económica que saltan por encima de los guardianes tradicionales.

Desde apps de banca móvil sin saldo mínimo hasta préstamos basados en blockchain que ignoran el score crediticio, la tecnología está democratizando las finanzas de formas que parecían imposibles hace apenas una década.

La pregunta ya no es si el fintech puede ayudar a los no bancarizados: ya lo está haciendo. La pregunta real es a qué velocidad puede escalar esta transformación y si logrará llegar a las comunidades que más lo necesitan.

Por qué tantas personas siguen sin acceso a servicios bancarios

Vamos a entrar en las barreras que mantienen a millones fuera de la banca tradicional. No es solo una cuestión de dinero, aunque claro, influye.

¿El culpable más obvio? Los propios bancos. Las instituciones tradicionales construyeron su modelo alrededor de evaluar riesgo, que normalmente significa: puntuaciones de crédito, verificación de ingresos y requisitos de documentación que excluyen a grandes partes de la población.

Si eres inmigrante sin historial crediticio, trabajador “gig” con ingresos irregulares o alguien que ya fue quemado por prácticas abusivas en el pasado… conseguir una simple cuenta corriente con facilidades de crédito puede ser una misión.

La accesibilidad geográfica también pesa mucho. Las zonas rurales han visto desaparecer sucursales a una velocidad brutal: desde 2009, han cerrado más de 10.000 sucursales bancarias en el Reino Unido. Si el banco más cercano está a 80 km y trabajas dos empleos para llegar a fin de mes, mantener una relación bancaria tradicional se vuelve casi imposible.

Luego está la confianza. Muchas personas no bancarizadas vienen de comunidades donde los bancos han sido más extractivos que útiles. ¿Por qué confiar en una institución que cobra comisiones por sobregiro diseñadas para atraparte en ciclos de deuda? Para muchos, el efectivo se siente más seguro y transparente que navegar cargos ocultos y términos complejos.

La alfabetización digital añade otra capa de exclusión. Aunque el fintech promete soluciones “mobile-first”, siguen exigiendo smartphone, conexión y conocimientos para manejar apps cada vez más complejas. Para personas mayores o con acceso irregular a internet, la banca digital puede sentirse más como muro que como puente.

El impacto demográfico lo deja claro: inmigrantes, jóvenes construyendo su primera identidad financiera, trabajadores gig cuyos ingresos no encajan en los modelos tradicionales y poblaciones rurales donde la infraestructura va por detrás. No son nichos: son segmentos que crecen rápido dentro de la fuerza laboral.

Las limitaciones de la banca tradicional

Aquí va una verdad incómoda: la banca tradicional fue diseñada para otra época, cuando el empleo era estable, el historial de crédito era lineal y las relaciones financieras duraban décadas. La economía actual no funciona así, pero muchos bancos no se han actualizado.

El sistema FICO lo resume perfecto. Nació en 1989 y reduce tu “valor financiero” a un número, ignorando señales como pagos puntuales de alquiler, facturas de servicios o patrones de pago del móvil. Si nunca tuviste tarjeta de crédito o un préstamo tradicional, eres invisible para el sistema que decide si puedes acceder a servicios básicos.

Y las comisiones lo empeoran. La comisión media por sobregiro en EE. UU. ronda los 35 USD, y las comisiones de mantenimiento pueden sumar 200 USD o más al año en cuentas “básicas”. Para alguien que vive al día, no es una molestia: es devastador.

La burocracia cierra el círculo: abrir una cuenta suele exigir prueba de domicilio, verificación laboral, números de seguridad social, y a menudo un depósito mínimo. Para inmigrantes sin documentación, personas que se mudan frecuentemente o quienes están entre trabajos, estos requisitos son barreras imposibles.

Además, los bancos tradicionales tienen dificultades para personalizar a escala. Están pensados para perfiles de clase media con ingresos predecibles, no para gig workers con ingresos variables o pequeños negocios que necesitan crédito flexible. Resultado: productos que no encajan con la vida real.

Cómo el fintech está cambiando las reglas

El fintech no es una cura milagrosa, pero sí está revolucionando las finanzas dándole la vuelta al modelo: en vez de obligar a la gente a adaptarse a sistemas viejos, crea sistemas que encajan con cómo la gente vive y trabaja.

Banca móvil y wallets digitales

Apps como Chime, Venmo y Cash App han destruido muchas barreras de entrada. Chime ofrece banca sin comisiones, sin saldo mínimo y con depósito anticipado: te pagan hasta dos días antes. Para alguien viviendo al día, cobrar dos días antes puede ser la diferencia entre pagar el alquiler o comerse penalizaciones.

Venmo simplificó los pagos P2P: de transferencias engorrosas a “como mandar un mensaje”. Cash App fue más allá con inversión, compra de Bitcoin y cobros para pequeños negocios en una sola app gratuita.

Y cada vez más, plataformas como Tap también entran en juego: no solo como wallet, sino como ecosistemas integrados que combinan gasto, ahorro y acceso transfronterizo para usuarios desatendidos. No son “bancos simplificados”: son enfoques distintos, diseñados para accesibilidad y experiencia, no para monetizarte con comisiones ocultas.

Préstamos P2P y construcción de crédito

La revolución del crédito es aún más intensa. Plataformas como Avant y Earnest, y también protocolos más recientes de cripto-préstamos, usan datos alternativos e IA para evaluar riesgo de formas que la banca tradicional no contempla.

En lugar de depender solo del score crediticio, analizan patrones de pago del móvil, historial de ingresos, comportamiento financiero y más. Están creando perfiles de crédito para personas que antes eran invisibles para el sistema, abriendo rutas de crecimiento que no existían.

El préstamo P2P elimina al banco del medio, conectando prestatarios con prestamistas individuales o pools de capital. Eso puede traducirse en tasas más competitivas y condiciones más flexibles, especialmente para quienes no encajan en el molde tradicional.

Micro-inversión y herramientas para crear patrimonio

Apps como Robinhood, Acorns y jugadores internacionales han democratizado la inversión al eliminar mínimos y reducir fricción. Acorns redondea tus compras e invierte el “cambio”, permitiendo construir una cartera con céntimos.

Esto redefine la inversión para quienes no nacieron con ventaja. Educación, interfaces simples y acciones fraccionadas hacen posible que alguien con salario mínimo empiece a construir patrimonio con herramientas antes reservadas a grandes patrimonios.

DeFi y blockchain como acceso financiero

La DeFi es la reinvención más radical: plataformas sobre Ethereum permiten prestar, pedir prestado y generar rendimiento sin instituciones tradicionales. Los smart contracts ejecutan acuerdos automáticamente, sin bancos, sin burocracia y sin fronteras.

Las wallets cripto ofrecen servicios financieros a cualquiera con smartphone e internet, sin importar documentación, historial o ubicación. Aun siendo un sector joven y volátil, la DeFi mueve miles de millones y demuestra que sistemas alternativos pueden operar a escala.

Beneficios reales del fintech para los no bancarizados

Las ventajas no son teoría: están cambiando vidas.

Accesibilidad: servicios 24/7 desde un teléfono. Si trabajas de noche o tienes dos trabajos, gestionas tus finanzas cuando puedes, no cuando abre una sucursal.

Asequibilidad: menos costes operativos = menos comisiones para el usuario. Sin sucursales físicas ni sistemas heredados caros, muchas plataformas pueden ofrecer cuentas y transferencias con costes mínimos o nulos.

Velocidad: decisiones de crédito en minutos, no semanas. Cuando el coche se rompe y necesitas trabajar mañana, esa diferencia es supervivencia.

Transparencia, transparencia, transparencia: datos en tiempo real, comisiones claras, términos directos. Menos sorpresas, menos cargos “misteriosos”.

Datos en lugar de moldes viejos: personalización basada en patrones reales de gasto, ingresos variables y objetivos financieros. Menos producto “talla única”.

Menos exposición a usura: marketplaces competitivos y algoritmos transparentes dificultan prácticas como los payday loans abusivos.

Casos reales y ejemplos

Los mejores “proof points” se ven en la calle.

  • Gig workers en EE. UU.: apps como Earnin permiten acceder a ingresos antes del día de pago, reduciendo dependencia de préstamos abusivos. DoorDash y DasherDirect ofrecen acceso inmediato a ganancias y cashback en gasolina: servicios pensados para la economía gig.
  • África y el dinero móvil: M-Pesa en Kenia procesa más transacciones al año que Western Union a nivel global. Permite enviar dinero, pagar facturas y acceder a microcréditos incluso con móviles básicos. Más del 80% de adultos en Kenia usa servicios de dinero móvil.
  • LatAm y neobancos: Nubank en Brasil supera los 70 millones de clientes, con banca sin comisiones y construcción de crédito para quien antes no tenía acceso. En México, Clip permite a micronegocios y vendedores aceptar pagos sin infraestructura bancaria tradicional.

No son excepciones: son un mapa del futuro.

Barreras que el fintech aún no ha resuelto

Aun con el potencial, hay obstáculos duros.

  • Brecha de alfabetización digital + acceso a smartphone/internet: no todo el mundo tiene conectividad estable o comodidad con apps financieras.
  • Regulación: KYC/AML y licencias varían por país; escalar globalmente es complejo. La incertidumbre cripto/DeFi añade fricción.
  • Infraestructura: regiones con mala cobertura limitan servicios más sofisticados.
  • Desconfianza hacia cripto/DeFi: volatilidad, complejidad y estafas generan rechazo, incluso entre quienes más podrían beneficiarse.
  • Barreras culturales: donde el efectivo manda desde siempre, el cambio no es solo tecnológico: es de hábitos y confianza, y eso toma tiempo.

Qué viene: innovación e inclusión

La siguiente ola puede ser aún más grande.

  • IA y personalización extrema: asesoría financiera “tipo wealth management” para todos, y modelos de crédito más inclusivos.
  • Open banking: obligará a instituciones a compartir datos (con permiso), acelerando competencia e innovación.
  • Marco regulatorio más claro + CBDCs: alternativas respaldadas por gobiernos podrían ampliar inclusión donde el mercado no llega.
  • Identidad digital en blockchain: podría eliminar barreras de documentación, permitiendo reputación financiera independiente del sistema tradicional.
  • Convergencia tecnológica: IoT para financiación de cadenas de suministro, AR para educación financiera, 5G para pagos globales en tiempo real.

Conclusión

El fintech no solo está “disrumpiendo” la banca: está democratizando la participación económica global.

Desde el dinero móvil que transformó economías en África hasta soluciones de pago para trabajadores gig en ciudades de EE. UU., la tecnología demuestra que la inclusión financiera no es solo correcta: es inevitable.

Pero el trabajo no está terminado. Todavía hay brechas, infraestructura por construir y confianza que ganar. Aun así, la dirección es clara: servicios más accesibles, asequibles y alineados con cómo vive la gente hoy.

Los avances más potentes llegarán de la colaboración entre innovadores fintech, reguladores y organizaciones comunitarias que entienden necesidades locales.

Los no bancarizados no están esperando permiso para participar. Ya están usando las herramientas que tienen para construir estabilidad. El reto del fintech es que esas herramientas sean más seguras, más potentes y diseñadas de verdad para sus vidas reales.

La revolución financiera está ocurriendo, con o sin la banca tradicional. La pregunta es si construiremos un sistema que incluya a todos… o que siga dejando a millones atrás.

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